Félix Villatoro, el epítome de las ventas

YA SE HA convertido en rutina. A principio de cada mes, Félix Villatoro suele ser anunciado como el vendedor número uno del mes anterior. Lleva haciéndolo desde hace tiempo, desde hace años. Es cierto que se ha perdido el honor un par de veces, pero principalmente cuando estaba de vacaciones. O cuando nació el último miembro de su familia. Una niña. Hace poco.

Félix trabaja para Crest Cadillac en Frisco. El director general de ventas del concesionario suele anunciar el ganador durante la primera reunión de ventas de cada mes.

«Y el ganador vuelve a ser», suele gritar dicho gerente, «Félix Villatoro, el matador salvadoreño».

IMAGEN: Colaje de fotos de Félix Villatoro y del resto de su familia. De su esposa Alejandra y de los tres hijos: Eloise, Máximo, y la recién nacida, Amanda.

     El apodo le queda bien a Félix, en forma divertida. Él no es ningún matador, pero es bueno en lo que hace. En vender autos, y también en otras cosas. Lo conozco desde hace tiempo y puedo dar fe de ello. Es centrado, sin duda, y disciplinado. Y no solo en la venta de autos.

     Pero antes de contarles más sobre esa parte de su historia, permítanme mencionar algunos datos sobre Félix: sobre su pasado, su formación académica y otra información pertinente, pero sobre todo, sobre su etapa como futbolista adolescente.

     Según la información recopilada durante una entrevista que tuve con él, parece que su participación en ese deporte lo ayudó a crear una mentalidad ganadora, una forma de pensar que le ha impulsado desde entonces.

     «Jugué en la Classic League», menciona Félix. Añade que durante las pruebas para conseguir un puesto en ese circuito de fútbol uno de los entrenadores le dijo que jugaba muy bien, pero que solo necesitaba mejorar sus técnicas.

     La Classic League, por cierto, es una organización de fútbol competitivo de alto nivel, reservada para jugadores habilidosos.

     Según Félix, pronto adquirió las técnicas necesarias y acabó jugando en cuatro diferentes torneos de la Dallas Cup. Jugaba principalmente como defensa, una posición crucial en el fútbol, un deporte en el que los equipos a menudo solo necesitan marcar un gol para ganar.

     «El fútbol me salvó», añade Félix, refiriéndose a que este deporte y el hecho de jugar en un equipo con jugadores muy habilidosos le ayudaron a desarrollar una actitud ganadora.

     Y ha ganado mucho desde aquellos primeros años de adolescencia. Pero antes de contarles más sobre esas victorias, vamos a darles otra información personal.

     Félix es un hombre de origen humilde, originario de El Salvador. Es de El Sauce, un municipio de La Unión, uno de los departamentos de ese país. Tenía catorce años de edad cuando llegó a Dallas, hace unos veintiocho años. Su padre ya vivía en el Metroplex.

     «Me matriculé en la escuela poco después de llegar aquí», dice Félix, y añade que fue a la Hillcrest High School.

     Unos años más tarde, y tras graduarse en esa escuela, comenzó a asistir al Brookhaven Community College.

     Lo hizo a tiempo parcial porque tenía que trabajar a tiempo completo para ayudar a pagar los gastos de su casa.

     Félix explica que había estado trabajando mientras estudiaba desde los dieciséis años. Trabajó en diferentes lugares, dice, durante unos trece años en un comedor para personas mayores y también por un tiempo en el complejo turístico Gaylord.

     Finalmente, Félix se trasladó a la UTD, la Universidad de Texas de Dallas, donde más tarde obtuvo una licenciatura en Ciencias Empresariales Globales. Para entonces tenía veintiséis años de edad.

     «Quería conseguir empleo en el sector de la importación y exportación», dice. «Era algo que mi padre había hecho en El Salvador durante años».

     Sin embargo, su título le llevó a ocupar un puesto de banquero personal en Chase, en donde permaneció durante unos siete años.

     «También trabajé como banquero comercial y, finalmente, como director de sucursal itinerante», explica Félix, y añade que obtuvo las licencias Series 6 y Series 63 mientras trabajaba en Chase, así como una licencia de agente de seguros de vida.

     Su plan de carrera y su sueño era convertirse en banquero de inversiones allí, pero cuando eso no sucedió, y siguiendo el consejo de un amigo, Félix decidió probar suerte en la venta de automóviles. Lo hizo en diciembre de 2019, después de conseguir un puesto de vendedor en Crest Cars, en Frisco.

     «Fue una gran decisión», afirma. «Me ha ido bien».

     Félix está casado con la otrora Alejandra Dueñas. Tienen tres hijos: Eloise, Máximo y Amanda, la más pequeña de los tres. Ella nació el pasado mes de noviembre.

     No hay duda de que Félix Villatoro es alguien que ha aprendido a aprovechar las oportunidades y a sacarles el máximo partido. Su éxito en el negocio de los autos no es cuestión de suerte. Sin duda.

     Es parte de un proceso, y algo que Félix ha aprendido a dominar a lo largo de los años. Su experiencia jugando fútbol en una liga muy competitiva, aparentemente y según él, allanó el camino para su éxito actual.

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